En esta entrada os hablaré de uno de los grandes dilemas del mundo de la nutrición: ¿Debemos comer para tener energías y así rendir después? ¿O debe ser la comida un premio por un trabajo bien hecho y recuperar fuerzas? ¿Engordan los hidratos de carbono por la noche, si no vamos a gastarlos? ¿A qué huelen las nubes?


Los que estáis empezando a seguir Daniscience o me conozcáis de otros lugares ya sabéis que baso las cosas en una mezcla de razonamiento lógico y de experiencia personal. Bien pues en ambos casos la conclusión a la que llego es que la opción correcta es la B, es decir que la comida debe ser ingerida tras un esfuerzo y no al revés.

Por lo tanto, defiendo la idea de que se coman más calorías de noche que de día. También que se deben ingerir más nutrientes post-entrenamiento que pre-entrenamiento. Incluso me atrevo a decir que… ¡¡los hidratos de carbono por la noche no engordan aunque justo después nos vayamos a la cama!! Estoy muy cansado de muchos de los mitos de la nutrición y este es uno de los que más me irritan.

Te invito a que leas sobre los beneficios del ayuno intermitente, o de entrenar en ayunas. No olvides tampoco reflexionar sobre la importancia de la comida post-entrenamiento en la recuperación de glucógeno muscular y en la síntesis proteica. Como ves, todas estas cosas nos muestran una y otra vez que estamos diseñados para seguir el siguiente esquema:

Trabajar/Entrenar/Cansarnos —> Ingerir alimento —> Descansar —> Repetir.

Difícil es negar que tras una buena comilona nos entra sueño y/o ganas de estar sentados  y tranquilos, ¿todos de acuerdo? Sencillamente el metabolismo no está diseñado para meterse nutrientes e ir a quemarlos inmediatamente, sino procesarlos tranquilamente para su almacenaje y ya se usarán bastantes horas después, pero no “a la de ya”.

Por si a estas alturas no estás convencido o incluso te hallas lanzando juramentos contra mí, te pido un poco más de tiempo para que leas detenidamente este excelente artículo de Leangains y en el que se citan hasta 5 estudios distintos en los cuales se demuestra que hay una mejor composición corporal (más músculo y menos grasa) en los individuos que siguen dietas organizadas para ingerir más nutrientes al final del día que al principio.

Finalmente y si todos estos estudios no te convencen, te invito a pensar:

“¿Qué es más lógico?”

– Opción 1: comer para rendir. Simplificando: Te levantas por la mañana y desayunas, para así rendir durante tu trabajo o estudios toda la mañana. Lo quemas todo y entonces vuelves a comer, para así rendir en el gimnasio. Lo vuelves a quemar todo y cenas poquito o nada porque para dormir no necesitas nada.

– Opción 2: rendir para comer. Te levantas y haces tus cosas sin haber desayunado, vuelves y comes para reponer el glucógeno, grasas y proteínas degradadas. Entrenas y te metes después una cena aún más grande para recuperar todo lo quemado. Supongamos que en las opciones 1 y 2 ingerimos las mismas kilocalorías, por ejemplo 2500.

Y ahora aquí viene la cuestión:

Con la opción 1, que es la que defiende la “teoría de toda la vida”, lo que estamos diciendo es que lo normal es estar VACÍO de energía. Se argumenta que se ha de comer para rendir, porque si no se come no se tienen fuerzas. Imaginemos unos hipotéticos recipientes, en los cuales se acumulan nuestras distintas energías: fosfocreatina, glucógeno, grasa… con la opción 1 estamos fomentando que estén siempre vacíos todos, ya que comemos justo antes de gastarlo, lo gastamos todo y luego nos vamos a dormir.

Con la opción 2, que es la que defiendo no sólo yo sino multitud de nutricionistas y deportistas, lo que sucede es que lo normal es estar LLENO de energía. Los recipientes que hemos imaginado antes siempre están bien llenos, porque tras hacer un duro entrenamiento o una actividad diaria prolongada, nos metemos una buena cantidad de calorías y nos vamos a dormir para que se almacenen, y de ese modo en la mañana siguiente no necesitamos comer porque YA tenemos toda esa energía procesada y lista para usarse. Tras el desgaste matutino, comemos y recargamos. ¿Suena mejor, no? ;) Recuerdo que en ambos escenarios consumimos 2500kcal, pero con sensaciones muy distintas.

Refuerzo final: la reparación de tejidos.

No solo se trata de energía, sino que también se trata de reparación. La hipertrofia muscular se basa ni más ni menos que en esto, al hacer una actividad vigorosa nuestros músculos degradan proteína y tejidos que serán reparados después. Por lo tanto los nutrientes (en este caso las proteínas) son necesarias después del entrenamiento y no antes. Con esto no quiero decir que no debas consumir proteína antes del entrenamiento, sino que después del mismo es cuando más se necesita.

Pondré otro ejemplo similar con la piel, para que se entienda. Si nosotros nos hemos quemado/pelado por el sol, o nos hemos rozado la piel, el cuerpo necesitará colágeno (consumiéndolo mediante piel de animal, cortezas de cerdo o a través de síntesis a partir de proteínas completas y vitamina C) pues este colágeno necesario para reparar la piel cuando lo necesitamos? DESPUÉS del daño en la piel, no antes. ¿Se ve lo que quiero decir? Espero que sí.

Y además es que se entrena más a gustito en ayunas

¡Hombre ya! :)


En conclusión, no digo que no puedas comer nada hasta no matarte de cansancio. Porque la actividad diaria por nimia que sea gasta calorías. Simplemente la idea es que debes comer poquito y que cuando hagas más esfuerzo comas más. Que tu mentalidad sea la de rellenar lo gastado, no la de incorporar a un vacío.

Nada más por hoy, me ha parecido interesante compartir estos pensamientos con todos vosotros. Si tienes amigos, familiares, médicos, nutricionistas de bar, etc. que te atormenten con la idea de que no se debe cenar mucho patatín patatán, no dudes en compartir con ellos este artículo escrito por otro nutricionista de bar que soy yo, pero que al menos razono lo que digo. ¿Tendré razón? ¡Puede ser!