Año 2014, ya no es ninguna novedad el ayuno intermitente y a muchos os suena. Hay miles de guías, así que información no os falta. ¿Pero por qué es bueno? En este artículo explicaremos brevemente los beneficios fundamentales del ayuno intermitente y a quién le puede venir bien practicarlo.

En primer lugar os remito a la guía más completa del ayuno intermitente en castellano, de la mano de Fitness10.org. Os animo a leerla, si queréis disfrutar de una lectura completa y bien hecha. Si os sentís con más fuerzas, os dejo el blog de Martin Berkhan: “Leangains” sin duda un referente en el mundo del ayuno intermitente, yo personalmente la primera vez que oí hablar de este método fue a través de él así que no está de más.

El ayuno intermitente, de forma resumida, consiste en abandonar el hábito de estar comiendo todo el santo día, y en su lugar concentrar nuestras ingestas en un periodo pequeño de tiempo, como máximo una ventana de 8 horas diarias. La mayoría de la gente sin embargo come durante un periodo de 12 horas, y algunos hasta de 15-16 horas seguidas.

Sin más, pasemos a enumerar los 4 beneficios del ayuno intermitente:

 

1. Aumento de la sensibilidad a la insulina (insulin sensitivity).

Este es el beneficio principal, y del cual se derivan los 2 siguientes. La sensibilidad a la insulina es clave para tener un metabolismo sano, o en otras palabras que nuestra energía se aproveche de forma eficaz. Que el cuerpo gestione bien los hidratos de carbono (azúcares) que le metemos es el primer paso para que no seamos lo que se conoce como “carb burners” es decir “quemadores de hidratos”, o dicho de otro modo personas que son incapaces de quemar grasa pues su cuerpo depende totalmente de los hidratos de carbono. Recuerda también que una bajísima sensibilidad a la insulina (también llamado resistencia a la insulina) conlleva la aparición de la diabetes tipo II, creciente en nuestra sociedad.

El ayuno intermitente hace que mejore la función de la insulina y el uso de los azúcares, ya que en una dieta en la que estemos todo el día comiendo hidratos de carbono, el cuerpo está literalmente inundado de glucosa y la hormona insulina se nos vuelve “loca” para entendernos.

2. Supresión del apetito (hunger control).

Un beneficio consecuencia del anterior es que nuestros impulsos por comer desaparecen. Contrario a lo que pueda decirnos nuestro instinto, el vecino del quinto, o incluso el médico de cabecera,  la realidad es que la comida es adictiva, en especial los hidratos de carbono lo son, algunos tipos más que otros, y esto es así porque al comerlos segregamos insulina y cuando la insulina disminuye el cerebro se pone nervioso y detecta que se ha de comer más, metiéndonos en un curioso círculo vicioso, en una montaña rusa de comer y comer.

El ayuno intermitente nos sitúa en escenarios de estar 16 o más horas seguidas sin comer, durante las cuales nuestro cerebro se relaja, comprende que no nos morimos por estar unas horas sin comer, y durante esas largas horas de hecho el apetito desaparece. Tenemos más hambre a las 3 horas de nuestra última comida, que a las 10 horas, es un hecho científico y es algo que podéis comprobar vosotros mismos.

3. Mejora en el aprovechamiento de macronutrientes (nutrient partitioning).

Otro beneficio propiciado por el aumento de sensibilidad a la insulina es el de la mejora en el reparto de los macronutrientes. ¿Esto que quiere decir? Que si estamos desbordando al cuerpo de nutrientes todo el día, éste los aprovecha mal dado que “sobran”, lo pongo entre comillas pero es que es así. A veces la biología sigue las normas de la economía, la escasez hace que se valore más todo. Si estamos 18 horas seguidas sin comer y después comemos, el cuerpo va a aprovechar muy bien esa comida que ingieres ya que no se encuentra en una situación de abundancia.

El ayuno intermitente por lo tanto consigue que cuando ingiramos esas proteinas vayan a reparar y hacer crecer nuestros músculos y otros tejidos, que los hidratos de carbono sirvan para glucógeno y se reserven para esfuerzos intensos, y que la grasa sea utilizada durante las horas de ayuno si no estamos haciendo esfuerzos intensos, en otras palabras que cada macronutriente se use para lo que está pensado.

4. Motivación al movimiento.

Un último beneficio independiente de los demás, es la motivación al movimiento. En un ambiente de alimentación constante los individuos pierden la motivación para luchar por el alimento, pasaría lo mismo en un ambiente con sexo constante, o con dinero constante, es decir lo que hablábamos antes de que la escasez agudiza el ingenio. Os invito, como curiosidad, a leer el experimento de la Utopía de los Ratones a cargo del etólogo Calhoun en los años 60. El resumen es que una colonia de ratones puestos a vivir en “un mundo ideal” de comida, agua y libertad constante, se resquebraja en términos de salud y también socialmente al cabo de unas semanas. La naturaleza no está programada para el paraíso, parece ser.

Toda persona que prueba el ayuno intermitente manifiesta que se encuentra más “despierto” y con ganas de hacer cosas, el rendimiento mental también sube a pesar de los miedos que puedan tener las madres al no dar de desayunar a sus hijos por si no rinden en el colegio, está demostrado que es al revés. Quizá es una pequeña subida de testosterona, y otra combinación de hormonas positivas para que no seamos conformistas y estemos más espabilados. Esto hace que por ejemplo tengamos más ánimos de hacer ejercicio, que aumente nuestra fuerza, o que quememos más calorías ya que nos movemos más y hacemos más con nuestras vidas.

 


¡Y ya! He aquí los 4 beneficios de por qué deberías probar el ayuno intermitente. ¡Espero haber aclarado tus dudas!

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Este artículo es tan sólo la 1ª parte de los 3 artículos que tengo sobre el ayuno intermitente. Consulta ahora la segunda parte: iniciación práctica al Ayuno Intermitente para ponerlo en marcha con éxito. ¡Ten un buen día!