Amigos os dejo un nuevo artículo de mi amiga Ana, o más conocida como nitanhealthynitanfit, sobre el Trastorno por Atracón. Os dejo con su artículo:

Este año el DSM V – Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría – al fin incluye el trastorno por atracón. Y digo al fin porque padecer una enfermedad a la que ni puedes nombrar te resta muchas oportunidades de superarla. Como se suele decir, reconocerlo es el primer paso. Pero cómo reconocer algo que pienso que sólo me pasa a mí, algo que obviamente me avergüenza y que las personas de mi entorno no pueden comprender. Según este manual, padecemos este trastorno si: Sufrimos episodios de ingesta compulsiva que se definen por dos características esenciales ; una ingesta excesiva en poco tiempo y sensación de pérdida de control de la situación. Hasta este punto supongo que estás pensando que ésto mismo es lo que hace una bulímica pero es que en el trastorno por atracón no hay conductas compensatorias – vómitos, laxantes – y sí un sentimiento de malestar.

Me alegra mucho pues que mi trastorno sea una entidad propia digna de estudio y que todas las personas que como yo lo padecen, empiecen a ver que las ciencias de la salud investigan para darnos herramientas eficaces para vencer a este dragón compulsivo que llevamos dentro.

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La frecuencia de atracones para ser diagnosticado es de al menos una vez a la semana durante tres meses.  En este punto la verdad matizaría muchas cosas pues durante diez años de atracones he visto cómo no es un factor que sea constante por no decir que vivimos en una sociedad en la que la conducta de buffet libre: ir a cebarse, está bien visto.

A un nivel menos científico y más cotidiano cómo podría hacerte entender qué es lo que pasa por la cabeza de una persona que padece este trastorno? Tal vez, contándote un poco sobre mis atracones. Aunque han ido evolucionando en el tiempo y hace unos dos o tres años que no practico los atracones top que me daba antes nunca podré olvidar mis rutinas más hardcore.

Normalmente siempre he empezado el atracón en mi casa con lo cual iba comiendo algo que encontraba por los armarios: unas galletas  de mi padre, todos los frutos secos que supuestamente debían abastecerme una semana, fruta, embutido…lo que pillase en ese momento. Cuando sientes que algo hace click dentro de tu mente es muy muy difícil pararlo, normalmente esas galletas son el mini aperitivo que muestra la imposibilidad de estar sin comer incluso en esos minutos que necesitas para vestirte y poder salir a la calle.  Mientras comía ésto me vestía con la ropa más cómoda que tuviese y salía a por mi tesoro. En el barrio donde vivía tenía mi propia ruta hecha. Dos pastelerías y una tienda de gominolas por donde siempre empezaba. Lo que me comprase allí: una napolitana de chocolate y un donuts, seis mini croisants de mantequilla, unas chocolatinas, una bolsita de regalices…era sólo para llegar a mi destino final. Un supermercado. Y si era festivo, me sabía los supermercados que abrían los festivos. Ya en el súper con un ansia dentro de mí que imagino se parece a lo que siente un drogadicto , el mono, empezaba a meter en mi carrito todo lo que encontraba apetecible. Una barra de pan para hacerme bocadillos de embutido y queso, una tableta de chocolate, una bolsa de patatas fritas o sncaks similares, alguna galleta…

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Era importante tener dulce y salado para ir compensando. Además una caja de helados nunca faltaban porque por muy hinchada que estuviera siempre podía con una caja de seis magnums de almendras sin problema. No en pocas ocasiones añadía a ésto el viaje a una buena pastelería y me compraba una bandeja de pasteles para mi supuesta fiesta. La peor fiesta a la que he ido en mi vida y aún encima es que he ido con frecuencia. Iba casi corriendo a mi casa, me ponía un pijama cómodo, repartía el festín en una mesa y comía sin parar. Disfrutando de comer mucho, mal y rápido. Disfrutando de que mi mente desconectase de sus problemas. Disfrutando de saber que después del atracón iba a dormir profundamente. Y no os creáis que es algo que siento como ajeno pues mientras escribo creo que sigo segregando un poco de la adrenalina tan “simpática” que siempre acompaña en estos sucesos.

No hay conductas compensatorias tal cual. Nunca he intentado vomitar ni mucho menos he pensando en conseguir un laxante. Mis atracones eran lo que para otros muchos una borrachera, simplemente que sola en mi casa. El malestar posterior no es sólo por arrepentimiento es también físico pues obviamente el abdomen se hincha muchísimo, se acentúan las ojeras, y si tienes la mala suerte de estar en un bucle de atracones de varios días hasta notas como la piel se va dilatando y se vuelve tirante. La cara es como una boina y sólo tienes ganas de estar tirado sin hacer nada, mientras te preguntas por qué a ti y cómo vas a hacer para parar algo que ejerce tanta presión sobre tus actos anulando por completo tu voluntad.

Dice el DSMV que el antecedente más común para los atracones es el afecto negativo. En mi caso sí era cierto, una sensación general de frustración con mi vida probablemente fue lo que desencadenó este trastorno de la conducta alimentaria aunque supongo que como todo sería un cúmulo de circunstancias. Otros disparadores son los estresores y el aburrimiento. Y aunque sí creo que el trasfondo de frustración puede ser la causa principal, una vez esta conducta se normaliza para ti vas a solucionar tus conflictos de esta manera tan poco efectiva. Cierto es que yo tuve que tomar las riendas de mi vida y cambiar muchas cosas para que simplemente hacerme daño, dejase de apetecerme. Pero el recurso aprendido está ahí y aún conociendo la sensación de malestar y culpa que prosigue a un atracón en cierta medida se disfruta y si estás aburrido y encadenado en una vida poco estimulante, no dudo que una buena bandeja de azúcar y grasa megapalatable con forma de magdalena pueda estimular hasta el cerebro de un muerto.

La restricción alimentaria es otra causa de atracones y es muy difícil de manejar ya que las personas que nos damos atracones tenemos serios problemas para llegar a ese punto de equilibrio en el que saber cuando tenemos hambre y cuando estamos saciados. En gran medida porque mientras te das atracones, los dos o tres días posteriores no vas a tener nada de hambre , simplemente gula debido a ese pico de insulina viviente en el que te has convertido. De hecho siempre metía las manos en la basura de mi comida para ver si quedaba algún trozo de pastel que calmase mi ansia. Obvio que también estás como un globo y no te gusta verte así con lo cual puede que estés 4 – 5 días comiendo muy poquito. Como después de esos días haya algo que vuelva a estresarte, aburrirte, frustrarte pues ya tienes excusa para empezar otra vez el bucle.

Aunque parte de este texto quiere dar a conocer el problema, también quiero animar a quienes lo padezcan a que no se compadezcan de sí mismos. Cuando nos damos un atracón estamos callando nuestros problemas con comida en vez de coger el toro por los cuernos. Sé que es difícil pero también sé que si no pides ayuda es muy probable que te cueste más salir de aquí.

Los atracones sostenidos en el tiempo te convierten en una persona amargada, en una persona que no eres tú y que no disfruta de la vida. Además cargamos con la culpa infinita de no saber controlar uno de nuestros impulsos más básicos y supervivenciales. Ahora que ya sabes que este problema lo padece mucha más gente que tú es el momento de hacerte cargo de la situación, de asumirlo y de decidir si estás dispuesto a seguir viendo días de tu vida como páginas en blanco. Si estás dispuesto a seguirte engañando diciéndote que éste va a ser el último. Para mí la clave está en que el atracón deje de ser percibido como ese paréntesis de bienestar. Para éso recapacita sobre lo poco liberadores que son realmente los atracones y asume que estar mal también es parte de la vida. Mr.Wonderfull no es real pero que tú puedes superarlo sí lo es.

No sé si mi patología es crónica o no. A día de hoy como dietista creo que he superado el problema principal pero en ocasiones sigue dando coletazos y es por éso que nunca dejo de estar alerta. Dormir poco, estar triste, estar aburrida, el estrés  son las situaciones de las que intento no formar parte y sólo con éso consigo que ya no me apetezca darme el atracón.

Por otra parte practica deporte a diario, y si es tu día de descanso sal a dar un paseo y respira profundo sintiéndote agradecido por lo que tienes. Solemos pedir desde la necesidad en vez de desde la aceptación y éso es muy mal compañero de batallas. Sé que piensas que tú estás más enganchado que nadie pero créeme que no. Mis atracones empezaron después de un segundo de bachillerato matador en los que saqué una matrícula de honor y perdí a mi madre un cáncer fulminante. Pasé de ser alumna ejemplar a dejar dos carreras, una detrás de otra. Me alejé de mi familia porque me avergonzaba de mí misma algo que nunca antes había experimentado y aún así poco a poco logré salir de ese pozo. Fui a dos psicólogos que me hicieron sentir que no entendían mi problema en absoluto.

Come comida de verdad que te ayude a tener el cerebro bien nutrido para tomar buenas decisiones y a estar lo más saciado posible. Ni fit, ni light, que este problema es muy serio. No puedes controlar la cantidad de frutos secos que comes? Pues no los compres, será por alimentos menos adictivos en el mercado. Como verdura, come carne, pescado, huevos, fruta, aceite hasta sentirte saciado de verdad. No te premies con comida, no vincules más todavía tus emociones con la comida. La comida es mucho más que nutrición pero para poder disfrutar de ella tienes que superar tus problemas al igual que un alcohólico no va de cañas los Viernes para irse dejando poco a poco de sus vicios. Sal de los ambientes que te recuerden frustración. Medita y reconoce ese ser que se da cuenta de que te estás dando un atracón. Ése eres tú y donde tu mente reposa encontrarás la fuerza para superar ésto. Desde un ser gentil contigo mismo pero sin compadecerte. No hay alimentos buenos y malos, por desgracia hay mucha mierda que no son alimentos y ocupa el 80% del supermercado y el 20% restante, alimentos que unos te ayudarán más que otros. Hay quien se engancha al queso curado, otros al pan y otros al chocolate. No compres lo que sepas que te va a tentar porque así tendrás más fácil frenar los impulsos que sabemos no van a cesar de un día para otro. La vida tiene muchas fases, ésta es la fase de recuperarte, no la de perder kilos. Dejar los atracones es el objetivo número uno que va acompañado del número dos: ser feliz que para éso estamos aquí.